Ya lo he dicho alguna vez antes. La cuestión de la alimentación en la infancia debería preocuparnos. Es hora de reconocer que tenemos un problema.

Analizaré las posibles causas, a mi juicio, y os presentaré alternativas.

 

EL PROBLEMA

España lidera la obesidad infantil de países europeos, junto a otros países de la cuenca mediterránea (estudio publicado por la Iniciativa Europea de Vigilancia de la Obesidad Infantil de la Organización Mundial de la Salud (OMS)).

Ya sabemos que el hecho de ser obeso durante la infancia aumenta el riesgo de obesidad en la edad adulta, así como de diabetes, enfermedades cardiovasculares, cáncer y problemas de salud mental, entre otras.

En nuestro país, el 40% de l@s niñ@s tienen sobrepeso, y casi al 20 % de ell@s se les puede considerar obes@s.

Existe cierta predisposición genética a padecer obesidad, pero no condiciona; lo que sí lo hacen son los hábitos de vida: poco ejercicio físico y muy mala alimentación, y una conducta/cultura en la que se premia o celebra casi todo con comida y bebida. Los ultraprocesados han desplazado a la dieta mediterránea en l@s niñ@s españoles.

Muchos medios se hacen eco.

Dato curioso: en algunos países asiáticos, es condición sine qua non estar en un peso correcto para mantener tu empleo. Fijaos en Corea, con una incidencia bajísima de sobrepeso. Japón, por ejemplo,  presenta tan sólo un 3.5 % de incidencia de obesidad gracias a una prevención genial: entre otras cosas, están prohibidas las máquinas de vending en los colegios.

 

CAUSAS

  • Falta de conciencia del problema. Debemos estar cansados de escuchar lo malo para la salud que es no comer de forma saludable o no moverse, porque lo hemos normalizado y banalizado. Es como cuando ves a diario en las noticias atentados y tragedias, dejan de impresionarte.

Gran culpable en este caso es la sanidad pública, restando importancia a la alimentación, y no dando cobertura con un buen servicio de asesoramiento nutricional. Si lo necesitas, tendrás que pagarte una consulta privada. Si tu hij@ está obes@, recibirás recomendaciones genéricas de tu pediatra, como «no comas grasas», o «come de todo», que quizá no te ayuden demasiado.

Reflejo claro de la poca importancia que le dan al tema, son los menús hospitalarios: sopas de fideos, galletas, mermeladas, tostadas, café con leche,… Nada adecuado si queremos que el enfermo en cuestión se recupere lo antes posible. Desde un punto de vista económico, un buen acompañamiento nutricional puede ahorrar medicación y acelerar recuperaciones. Sin hablar de que podríamos prevenir muchas dolencias si se insistiera en la importancia de comer bien.

Lo que yo percibo en consulta es que muchos familiares del/la niñ@ con sobrepeso no son conscientes de lo mal que se alimenta, y piensan incluso que el peso es correcto, o no tan preocupante. Ejemplo: En una consulta reciente, un niño de 12 años y 1.60 m de altura, pesó algo más de 130 kg. La reacción de los padres fue, primero de sorpresa y, segundo, jocosa con bromitas del tipo “vas a reventar la báscula”. Es penoso.

 

  • Falta de tiempo en la crianza. Vivimos con un pie siempre en mañana, con poco tiempo para darnos un respiro, y menos para atender a otra persona como se merece. Si le vas a poner delante unas galletas y un vaso de leche en el desayuno porque vas con la hora pegada al culo, si no tienes tiempo de ayudarle a trocear una fruta, o la paciencia de cocinarle un huevo, debes saber que NO LO ESTÁS HACIENDO BIEN: todos los procesados industriales representan (o lo harán en el futuro) un problema de salud para tu hij@, no sólo de obesidad y todo lo asociado. El tan de moda trastorno por déficit de atención tiene mucho que ver con excesivo consumo de azúcar, por ejemplo. 
  • Dar ejemplo es incuestionable: tu pequeñ@ te tiene como modelo, así que no pretendas ponerle brécol en el plato, mientras tú te comes un trozo de empanada. Tu hij@ depende de ti, eres su referencia, su modelo, te quiere a su lado, y realmente lo necesita. El/la niñ@ debería poder comer lo mismo que tú: muchos papás me dicen que su alimento lleva sal que el niño no debería ingerir, y es cierto, pero para ti tampoco es bueno, asi que deja de poner esa sal en esa cantidad, es tóxica para todos. O el caso contrario, más penoso aún: padre «haciendo dieta» en consulta, que en ocasiones «peca» porque hay galletas en casa para los niños…. Si tu estás comiendo sano, ¿por qué sigues dándole basura a los pequeños?

    En casa todos deberíais comer de la misma manera, al menos en lo básico, es la clave para una dieta correcta para todos.

    No pretendáis que se les enseñe esto en la escuela o en otra institución («el día de la fruta» termina siendo en algún centro escolar «el día de la fruta en la papelera»; por cierto, súper triste que tenga que haber un día de la fruta).

  • Comemos fuera de casa demasiado y cocinamos poco. Para estar sanos es imprescindible invertir un mínimo entre fogones. Cocina en casa: sabrás qué sal, aceite y otros condimentos estás utilizando. Hay formas de cocinado pasivas y otras estrategias que te permiten hacer otra cosa mientras tanto: robots de cocina, horno, cocinar una buena olla de verduras que dure varios días,… Además es positivo para despertar en tus hij@s el placer de cocinar lo que se va a comer.

 

  •  Ambiente obesogénico. Vivimos rodeados de productos comestibles muy llamativos, sobre todo para los más pequeños, que aún no tienen un criterio bien formado sobre lo que es bueno y lo que no lo es tanto: latas de bebidas azucaradas de colores llamativos, bolsas brillantes de snacks que hacen ruiditos súper-atractivos al tocarlas, gominolas de miles de colores y formas, galletas con sus héroes de  TV estampados, olor a bollo recién hecho en cada esquina… Es muy difícil decir que no para el cerebro humano a ciertos olores, sabores y texturas. Sobre todo la mezcla de grasa, sal y azúcar, como en la bollería industrial, que hace que empecemos a secretar hormonas relacionadas con el placer, aún sin llegar a paladear, sólo con imaginarlo.

No compres con tu hijo en el carrito de la compra, las estanterías del supermercado están diseñadas para llamar la atención y que compres cosas que no necesitas; no te lleves a casa estos productos, evitarás la tentación, y si te apetece consumirlos un día, cómpralos en monodósis.

Comer con hambre real es que se te caiga la baba pensando en una crema de verduras y un pescado al horno, o unas lentejas. Estaréis de acuerdo conmigo en que muchas veces comemos sin apetito; lo hacemos por aburrimiento, ocasiones en las que no nos llevamos a la boca algo sano precisamente. ESTO NO ES HAMBRE.

Acostumbra el paladar de tu hij@ a comida sin procesar, y podrá disfrutar de la comida de verdad cuando tiene hambre, es decir, cuando lo necesita.

Si actualmente está comiendo mal, no te agobies, simplemente haz los cambios, y espera que se adapte. Quizá  haya que aguantar alguna pataleta al comienzo. Pero le estás haciendo mucho bien para su futuro. No te preocupes si se salta alguna comida, en cuanto tenga hambre real, le verás comer sin ningún problema. Porque si cada vez que ella/él se niega a comer su plato de verdura, le das como alternativa los espaguetis con tomate, no vas a lograr cambios.

Cuidado también con abuel@s y otros seres del entorno que pretenden ganarse el amor del/la pequeñ@ a base de guarradas gastronómicas; debemos hacerles entender que premiar con la comida puede generar conductas con la misma nada positivas en el futuro (el típico atracón de dulzainadas que me doy cuando me siento triste), y debemos explicarles que esto tiene un impacto en la salud muy negativo.

 

 

Y por cierto, si decides no hacer nada de esto, al menos, no boicotees los esfuerzos de otros padres, respetando su decisión. Así que no ofrezcas gusanitos a sus hij@s, y no juzgues a estos padres en modo alguno. Esto ha ocurrido recientemente con una mamá que publicó una foto de su hijo desayunando garbanzos. ¿En serio esto nos llama la atención? ¿De verdad pensamos que es mejor desayunar unas galletas?

 

Mucho ánimo si tienes que hacer cambios, merece la pena.

Salud!