Llegan pacientes (incluso niños) a consulta con un diagnóstico de hígado graso no alcohólico, y lo comentan en la entrevista al final, como el que tiene un lunar. Esto pasa porque en medicina sigue sin dársele suficiente importancia.

En la imagen vemos cómo va degenerando la apariencia de un hígado que se vuelve graso. OJO! No tienes por qué tener sobrepeso para padecer esta dolencia.

Se sabe que hay relación entre enfermedades hepáticas  (como hígado graso no alcohólico o alcohólico, carcinoma hepatocelular) con problemas gastrointestinales e inmunológicos, como vemos en este estudio. Vamos a profundizar más en este hecho, y veremos qué papel juegan los microorganismos que viven en nuestros intestinos.

 

HÍGADO E INTESTINOS SE COMUNICAN

Lo hacen por el conducto biliar, vía vena porta y circulación sistémica.

El hígado vierte sales biliares hacia el intestino a través del tracto biliar.

En el intestino se procesan los alimentos que consumimos (y otras sustancias del entorno) gracias a las enzimas digestivas y a los microorganismos que conviven con nosotros en esta zona. Los nutrientes resultantes van a parar a nuestras células y tejidos, y llegarán también al hígado a través de la vena porta, Influyendo en la función hepática. Incluso muchas de las sales biliares se reciclan y volverán de nuevo al hígado.

Estos mismos ácidos biliares influyen en las membranas de las células del epitelio intestinal, promoviendo, por ejemplo, la síntesis de factores de crecimiento de fibroblastos: intervienen en cicatrización de tejidos, en la angiogénesis o viajan al hígado por la vena porta para que este deje de emitir sales biliares cuando ya no son necesarias.

Parece también que los ácidos biliares, mediante la unión a receptores del epitelio intestinal, afectan a otras funciones y tejidos, más allá de la circulación enterohepática: influyen en el gasto energético (consumo de calorías, es decir, tienen influencia en el sobrepeso), homeostásis de la glucosa y en la respuesta inmune anti-inflamatoria.

Así que podemos deducir que un hígado que funcione mal puede derivar en problemas como sobrepeso, mala resolución de infecciones o diabetes, por poner algunos ejemplos.

 

VEAMOS QUÉ OCURRE CON LA MICROBIOTA

Barrera intestinal: a la izquierda vemos la barrera en perfecto estado, y hacia el centro observamos cómo pierde calidad, dejándo pasar sustancias indeseables.

Resulta que tenemos una barrera intestinal que nos protege, dejando pasar sólo las sustancias que le interesan a nuestro organismo. Si el intestino está inflamado o hay disbiósis intestinal (microorganismos anómalos o descompensados en el intestino), esa barrera no es eficaz, es como si estuviera pinchada, como un colador. ¿Por qué? Vivir en entornos contaminados, malos hábitos dietéticos (dietas Occidentales con procesados, altas en fructosa y grasas «malas» entre otros, alcohol),  tratamientos de antibióticos mal pautados o innecesarios, o determinadas infecciones, estropean esta barrera.

Y la barrera intestinal pinchada se relaciona con enfermedad hepática. Por ejemplo, SIBO (sobrecrecimento bacteriano en el intestino delgado) es un disturbio de la microbiota intestinal, en el que hay un sobrecrecimiento de unas bacterias concretas en el intestino delgado, donde no deberían estar; esto puede hacer que lleguen hacia el hígado sustancias indeseables: microorganismos y productos de microbios (componentes de la pared celular, endotoxinas de bacterias gram – y beta glucanos de hongos), además de ADN extraño; se denominan MAPs  (moicrobial-associated molecular patterns) y PAMPs (pathogen-associated molecular patterns). MAPs y PAMPs estimulan las células estrelladas del hígado, que se dedican a configurar la fibrósis hepática (si se produce en exceso, tenemos un hígado fibrosado hipofuncional, es decir, tenemos un problema). Además provocan también una respuesta inmunitaria, por estímulo de determinados receptores celulares  (Toll-like receptors), lo que nos lleva a una inflamación.

Así que en todas las enfermedades hepáticas subyace un estado inflamatorio del paciente. Si este estado progresa, estaremos ante una cirrósis, o un heptacarcinoma celular.

Sabiendo todo esto, merece la pena cuidar lo que te llevas a la boca. Puede ser terrible al comienzo dejar de desayunar galletas industriales, cereales, tomar refrescos entre horas o terminar el día con una cañita. Pero debe haber más conciencia sobre el problema que supone un hígado graso, porque con tus hábitos diarios puedes estar haciéndote daño.

 

CUÍDA TU HÍGADO A TRAVÉS DE TU ALIMENTACIÓN

Pon siempre comida de verdad en tu mesa, aquella que no viene empaquetada y que no te implica sacar la lupa para leer los ingredientes. Comer bien es sabroso y te hará sentir mucho mejor, física y mentalmente.

Te dejo una receta de galletas de PLÁTANO Y COCO, para que vayas sustituyendo las galletas chungas del desayuno (que quizá le estés dando  a tus hij@s) y comáis bien, tú y los microorganismos que viven en tus intestinos:

– 2 plátanos bien maduros.

– 1 taza de coco rallado.

– 2 cucharadas soperas de mantequilla de pasto.

– Extracto de vainilla.

– Pizca de sal y canela al gusto.

Mezclar bien y hornear 20 minutos a 180ºC.

SALUD!

2 comentarios en “RELACIÓN ENTRE EL INTESTINO Y EL HÍGADO, Y CÓMO LA MICROBIOTA (MICROORGANISMOS QUE HABITAN NUESTROS INTESTINOS) INFLUYE EN LA SALUD DE NUESTRO HÍGADO”

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